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La historia se repite, y no aprendemos

Publicado: febrero 29, 2012 de elvenbyte en Malos Tiempos
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Intentando hacer un análisis de la situación, de las quejas estudiantiles, de la reforma laboral, de los números deficitarios, etc, sólo se me ocurren ciertas razones a por qué Rajoy no contesta las cartas de los sindicatos.

  1. No sabe leer, así que tiene que se la tienen que leer, pero claro, como se la tiene que leer alguien del partido, pues vamos listos.
  2. Sabe leer, pero no la entiende, pero claro, como se lo tiene que explicar alguien del partido, pues vamos listos.

La tercera la desarrollo un poco más. Tengo la sensación de haber vuelto al Siglo XVIII, donde el despotismo ilustrado concedía al rey poder casi absoluto (de ahí Absolutismo Ilustrado), y quizás por eso no conteste. Pero claro, es que resulta que estamos cuatro siglos después -o eso creía yo-, y ciertos conceptos, si no son obsoletos, como mínimo están pasados de moda. Hoy en día el pueblo, aunque no se lo crean, es un poquito más listo, y no traga con según qué. Pero claro, como ellos sí, no pasa nada. Sofocamos la revuelta al estilo de los de entonces, soldado y trabucada, o como se diría hoy, policía a la carga. Pero no quieren que se los trate de Carlistas, así que en vez de acuchillar, los enfilan a prisión, que aunque ambas cosas ya las estilaba Franco, y también sólo por protestar, pues prefieren el franquismo. Y además se aplican eso de todo para nosotros, pero sin el pueblo, que es aún peor.

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Pues no se ha hablado de que nos sobran o el Ministerio de la Igualdad o el de la Mujer, y entonces ¿para qué un Instituto de la Mujer y otro de la Igualdad? Cada vez entiendo menos a estos políticos. Tanto tiempo discutiendo del tema de la Igualdad y resulta que esta mañana me entero que las mujeres siguen cobrando un 22% menos que los hombres. Resulta un poquito incongruente, ¿no? Entonces ¿para qué sirven tanto ministerio y tanto instituto? Queda demostrado que ya sabemos cómo descargar un poquito de déficit, señores políticos.

Hombre, ya sé que sí, que para algo han servido. Por ejemplo para aliviar un poco (mentira) el tema de la violencia doméstica (sí, he dicho doméstica y no machista, por si alguna feminista de poca monta lee esto, se indigne lo suficiente). O para inflar un poco más los telediarios, que total, las malas noticias con un poco de originalidad empiezan ya a faltarnos. Y el morbo, claro, porque cuanto más machacada sale la de turno, como que parece que más nos acercamos a la tele.

Sí, también sé que hay mucha gente, los que me conocen, que estarán diciendo que, después de lo que me habrán oído despotricar (va, tampoco lo he hecho tanto), debería tener otra opinión de las mujeres. Pues no, sigo teniendo la misma de siempre. Y es que sí, tuve esposa, qué le vamos a hacer, pero también tengo una hija, y una hermana, y  una madre, y pareja, y amigas. Creo que suman bastante más que una esposa, así que sigo defendiendo la postura de indignado al respecto.

Señores empresarios, suban los sueldos a nuestra costilla, que nosotros también vivimos de ellos. Y señores políticos, déjense ya de gilipolleces, y tiren todos esos ministerios e institutos, que lo único que sirven es para llenar los bolsillos de los urdangarines, los matas y los camps de turno.

Si es que los franceses se han equivocado con los guiñoles, deberían estar sacando a nuestros políticos corruptos, en vez de a nuestros inocentes deportistas. Pero en fin, será que como a los gabachos les entra todo (menos las fresas, claro).


Cuando empecé este artículo, realmente no creí que me fuera a llevar tanta longitud. Tenía las cosas tan claras y organizadas en la cabeza que parecía algo sencillo y muy corto de explicar, pero no ha sido así. De tal manera que he tenido que dividirlo en varias partes, de las cuales esta es la primera, por no quedarme más remedio que abordar el tema con un poco más de profundidad.

Quiero empezar diciendo que no soy ningún experto en Recursos Humanos, ni mucho menos, pero que llevo incontables años acudiendo a entrevistas de trabajo, y eso me confiere la experiencia necesaria para poder hablar del tema con cierto rigor. También soy consciente de que hay mucha literatura sobre este tema, tanto en Internet como en papel, e incluso se dan cursos sobre ello. Mi única intención es aportar un poco de luz dentro de toda la maraña de información que hay por ahí.

No pretendo tampoco establecer reglas de etiqueta al respecto, ya que todo lo que voy a contar pertenece al ámbito del más puro sentido común. Sin embargo, si os animo a que os creéis vuestra checklist personal, una lista de verificación particular, a la que podéis incorporar los puntos que creáis más interesantes del artículo.

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