Conciencia manchada

Publicado: noviembre 28, 2008 de elvenbyte en Malos Tiempos

Conciencia manchada

Conciencia manchada

Yo tenía trece años y ella doce. Nos conocimos en un campamento de verano de la Cruz Roja, donde yo llevaba un año en Juventud. Ella no me conocía, pero yo había oído hablar tanto de ella, a mi amigo Job, que sabía cómo era incluso antes de verla. Eran vecinos.

Recuerdo que para mi fue un flechazo, aunque reconozco que no había sido el primero de mi vida, ni sería tampoco el último. De hecho, sólo lo he sentido tres veces en mi vida: Silvia, de quien estoy hablando, fue la segunda, y mi mujer la tercera. Nunca he sido un chico guapo, la verdad, pero sí que he sido siempre muy lanzado, sin embargo con Silvia las cosas siempre fueron diferentes. A pesar de todo nunca llegué a salir con ella, pues me he dado cuenta, con los años, que aquel momento de ilusión fue sólo eso, una ilusión tardía que no podía llevar a ninguna parte.

Después de aquel campamento, ella también se apuntó a Cruz Roja Juventud, lo cual me causó gran regocijo, pues era la excusa perfecta para tenerla cerca cada sábado por la tarde. Después de pasar la tardes de los sábados, yo la acompañaba a su casa y nos pasábamos las horas hablando en su puerta, hasta que la voz de su madre la instaba a subir. Eso rompía la magia del momento, y reconozco que me desquiciaba como pocas cosas lo hacían.

Todos sabían de mis sentimientos hacia ella, incluso ella misma. Me harté de escribirle cartas, alguna vez incluso se lo dejé caer de forma más o menos indirecta, aunque nunca se lo dije abiertamente. Creo que ese fue precisamente mi gran error, aunque tengo que reconocer, otra vez, que no me arrepiento de ello, pues quién sabe cómo hubiera cambiado eso mi vida actual, con la que estoy muy satisfecho, la verdad.

La cuestión es que todo aquello hizo nacer en nosotros una profunda amistad, que yo he tenido el mal gusto de romper, metiéndome en terreno cenagoso de la peor manera posible. Pero antes de llegar a eso, hacen falta algunos detalles más.

Fuimos creciendo, más o menos en ambientes parecidos, y al ir creciendo van surgiendo los amores adolescentes. Para ella no fue una excepción, y tuve que padecer verla salir con chicos que yo mismo conocía. Sabía que eran personas que acabarán haciéndole daño, pero ¿quién era yo para poner lastre en sus alas? Además, de haber dicho algo podrían haberse interpretado mis palabras como ataques de celos que podrían haber afectado negativamente a nuestra amistad, que era algo que valoraba por encima de cualquier otra cosa. Lo cierto es que yo enfermaba de celos.

Por este motivo, empecé a resignarme a la situación, e inconscientemente, poco a poco, fui liberándome de esa terrible carga que tanto me pesaba en aquel entonces. Así que llegó un momento en que enterré aquel amor juvenil en lo más profundo de mi alma, y lo convertí en una amistad profunda y desmedida. Empecé a mirar a otras chicas de mi entorno, y lo cierto es que mis hormonas adolescentes tenían más voz y voto que mi corazón. Me convertí para ella en el amigo confidente, al que se podía acudir para casi cualquier problema que pudiera surgir, sobretodo los amorosos. Sé que se cortaba mucho en ese terreno, pero aún así a veces acudía a mi.

Esto viene a cuento de cierto recuerdo que guardo con mucha ternura, por lo que aprendí de él, a pesar de todo, y que resultó ser un cambio decisivo en la forma de mirarnos el uno al otro a partir de entonces. Estábamos sentados en un banco de la Plaza de España y ella salía por aquel entonces con Toni, el hermano de Jaime.

-David.

-Qué -le contesté.

-Es que no estoy segura de estar enamorada de Toni. No sé qué hacer.

-Es fácil. Como te vas una semana de vacaciones a Ibiza con tus padres, si le echas de menos es que le quieres, y si no pues no.

Qué ingenuo podía llegar yo a ser. Dándole un consejo a una amiga, mi mejor amiga, tratando simplemente de hacerle llegar a una deducción a la que podía haber llegado ella solita. Para mi eso se había convertido en algo normal en cierto modo. Jamás me hubiera imaginado en lo que iba a acabar aquello, cuando el amor que había sentido por ella estaba bien oculto bajo una máscara de cierta indiferencia, pero agazapado en mi interior como una bestia a punto de lanzarse hacia su presa.

Cuando volvió de Ibiza volvimos a sentarnos en el mismo banco, y entonces le pregunté:

-¿Has echado de menos a Toni?

-No -contestó-. Te he echado de menos a ti.

Las campanas del pasado comenzaron a repicar frenéticas en mi pecho al oír aquello, amenazando con hacer explotar mi corazón de gozo, por decirlo de algún modo. La bestia escondida saltó de su escondite y…, y se marchó como el humo, a ocupar otro corazón, quizás, que en realidad nada tenía que ver ya con el mío, ni con el de Silvia. Hicimos el ténue intento de salir, pero sólo era una ilusión que ya no tenía mucho sentido. Paseando juntos me dijo:

-Me han dicho que te gusta Maite.

Titubeé, pero al final admití que sí, y eso fue el final de algo que, en realidad, nunca había empezado. Las cosas cambiaron radicalmente desde aquel momento. Aún pasó algo más de tiempo con las cosas aparentemente igual, pero sólo aparentemente. Yo seguía teniendo la sensación de haber perdido una de las oportunidades más importantes de mi vida.

Sin embargo, en un momento dado, decidí que debía romper con el pasado y conduje los pasos de mi vida personal y social hacia otros caminos menos baldíos. Empecé a salir con otros amigos y poco a poco dejamos de vernos, de llamarnos y, en definitiva, de tener ningún tipo de contacto.

Pasaron algunos años y, a pesar de seguir viviendo en la misma isla, no tan grande como pueda parecer en ocasiones, permanecimos desconectados. Estuve con varias chicas. Incluso dos de ellas se convirtieron en novias oficiales, pero no fue hasta que llegó Ana, mi esposa en la actualidad, que volví a tener contacto con ella.

Al principio tuve miedo de seguir enamorado de ella de alguna manera, pero ese miedo se disipó en seguida. Cuanto más trataba con ella, más me daba cuenta de que no había ni rastro del amor que una vez sentí por ella, y más me daba cuenta también de lo enamorado que estaba de la que entonces era mi novia, y me sentí orgulloso de que llegáramos ser grandes amigos. Me di cuenta de que existían unos lazos que sin duda eran muy fuertes porque lo que sí había era mucho cariño y mucha amistad; aún sigo sintiendo ese cariño, a pesar de todo, y sé que la sigo queriendo, pero como a una hermana, y no de otra manera.

Creo que fue por eso por lo que sucedió lo que viene a continuación. Silvia tiene el don, por llamarlo de alguna manera, de enamorarse de hombres que la hacen daño. Por aquella época estaba con Jesús, con quien compartió la vida muchos años. Mi mujer se convirtió en su mejor amiga y confidente, siendo quien se bebía las lágrimas de aquella relación tan dolorosa para ella. No entraré en detalles respecto a cómo Jesús hacía sufrir a Silvia,  pero sí diré que a mi me llenaba de impotencia saber qué es lo que ocurría en su casa y no poder hacer nada para que cambiaran las cosas para ella. Ahora sé que fue por eso por lo que yo también empecé a portarme mal con ella, a pagar mi frustración con recriminaciones sobre que era ella la culpable por seguir con él y no tener la fortaleza para abandonarle. Utilicé todo lo que se me ocurría para hacerle daño, y me convertí para ella en un cretino obstinado en no recordar que ante todo era mi amiga, y que yo no estaba ahí para hacerle más daño y hundirla aún más en su propia miseria, sino para apoyarle y ofrecerle un hombro donde llorar, como había hecho siempre. Nunca sabrá cuánto me arrepiento de haber actuado de esa manera…

Al fin acabó con Jesús y fue un alivio cuando conoció al que hoy en día en su marido. Con Mateo también ha sufrido mucho, pero ella ha cambiado. Ahora tiene la fortaleza para luchar contra lo que la hace sufrir, y ha conseguido cambiarle a él también, con lo cual se puede decir que es mucho más feliz que con Jesús. Además, Mateo ha demostrado con creces que la quiere y que es capaz de todo por mantenerla a su lado, aunque su naturaleza impulsiva e irreflexiva siga intentando desbocarle algunas veces. Es un buen tío y me alegro de que su relación haya acabado de encauzarse por el buen camino.

Sin embargo yo he seguido siendo el mismo cretino que no recordaba lo que marcan los cánones de la amistad, y temo haber perdido lo que se forjó durante años. Me ha costado mucho darme cuenta de ello, y sé que es porque yo también he vuelto a cambiar. Es ahora, con treinta y cinco años, cuando por fin he llegado a la edad adulta, y he dejado de ser ese niño irresponsable experto en pataletas absurdas, insensible con las cosas que de verdad importan.

No sé si ella leerá esto. Supongo que no. Me encantaría poder pedirle perdón por haberla castigado como lo he hecho, pero sospecho que en realidad y a estas alturas no va a perdonarme. Y la verdad es que la comprendería muy bien, porque no estoy seguro de que yo mismo pudiera perdonar algo así. Creía que acallaría mi conciencia después de escribir todo esto, pero lo cierto es que mi conciencia sigue igual de manchada, y ni siquiera creo que pudiera limpiarla de recibir ese perdón.

Quizás algún día pueda enfrentarme a ella y pedírselo. Si ella quiere sé que me costará mucho recuperar su amistad, pero también sé que puedo lograrlo. Me pongo manos a la obra.

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comentarios
  1. xisco dice:

    Pues nada chaval, como testigo de la última parte de la historia, si el corazón te lo pide ya estás tardando.

    Un abrazo.

    Xisco

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  2. David dice:

    Xisco: No te creas, igual lo hago y todo 🙂

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  3. Nanny Ogg dice:

    En lugar de ponerlo aquí deberías habérselo dado a ella directamente… esto o algo más íntimo. Si quieres pedirle perdón, hazlo, no pierdes nada y puedes ganar mucho ¿no?

    Besos

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  4. Ivana Carina dice:

    David 😉

    Creo que el 1º paso ya lo has dado, al sincerarte y reconocer que tal vez actuaste mal…..

    Si tu amiga lee esto, estoy segura que no dudará en llamarte para empezar a recuperar el tiempo perdido….

    Yo lo haría.. 😉

    Un beso, Guapo!! 🙂

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  5. Belén dice:

    Es difícil pedir perdón cuando los sentimientos han estado tan a flor de piel durante años… aunque intentaras pararlos y taparlos…

    No se si llegarás a hacerlo, pero creo que un poco si descansarás.

    Besicos

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  6. David dice:

    Nanny Ogg: En realidad no estoy seguro de haberlo escrito para que lo lea ella. De hecho lo escribí sabiendo que ella probablemente no lo leerá. Y si lo lee…, bueno, ya se verá qué ocurre.
    Ivana Carina: Pues mira, ojalá, pero no lo creo. Y no es que piense que tal vez actué mal, sé que he estado actuando mal.
    Belén: Sí, es muy difícil. Y descansar…, lo cierto es que aún sigo teniendo la conciencia manchada, pero en fin.

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  7. Mariángeles dice:

    Si yo fuera Silvia no sólo te perdonaría, sino que volvería a abrir la puerta de aquella amistad que nunca tuvo que dejar de existir.

    Me ha emocionado este texto, que es magnífico en cuanto a su calidad y también en cuanto al contenido.

    Eres un gran escritor y un gran amigo. Y de ello doy fe.

    Un abrazo,

    Viaantistio

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  8. Isabel dice:

    Es muy duro que te machaquen, aunque sea con cariño, cuando no se comprende por lo que estás pasando. Mi mejor amiga se siente así ahora… yo la quiero igual, pero no puedo más que alejarme de ella; no hay comprensión, no puede ayudarme, ya cambiarán las cosas. Besos.

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  9. joaninha dice:

    ufff, esta historia me es demasiado familiar… a veces nos creemos con ciertos derechos en aras de vetetuasaberqué…

    un besito

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  10. Princesa dice:

    ¿Cómo he tardado tanto tiempo en leer este post? Joer, me has puesto los pelos de punta.!!

    A veces hacemos sufrir a las personas que más queremos por cabezonería y porque creemos que es lo mejor…
    Pero te digo una cosa, tú debes ser para ella lo mismo que ella para ti… supongo que si ella te ha hecho daño o te lo hiciera, la podrías perdonar, ¿por qué ella no te iba a perdonar nunca?

    Un besote

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  11. David dice:

    Mariángeles: Gracias amiga. Tengo que decir que lo hizo. No pensaba que fuera a leerlo, pero lo leyó, y volvió a abrir esa puerta. Nos dijimos muchas cosas que hacían falta, y ha tenido final feliz.
    Isabel: Si ella no da el paso, dalo tú. Te prometo que merece la pena.
    Joaninha: Por desgracia así es, pero somos humanos y la calidad de cada uno al final acaba sobresaliendo. Yo puedo dar fe de que ella sigue siendo una gran amiga.
    Princesa: Tengo que decirte que ya lo ha hecho, aunque no sé si lo merezco 🙂

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  12. […] ejemplo, uno de mis últimos escritos -Conciencia manchada- ha desencadenado que el hilo del que pendía mi amistad más valorada, volviera a convertirse en […]

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  13. Platerita dice:

    Es muy raro enterarse de ciertas cosas por chusmear en un blog…seguis, hoy ya adulto, escribiendo con la misma tenacidad e intención de que tus palabras lleguen lejos y profundo. Quizás hoy, Silvia, aun esté más lejos por situaciones que ambos sabemos. Pero si fue una gran amiga, si esa amistad realmente fue verdadera…no hay tiempo perdido, sólo estancado.
    Vamos Galleguito, me pa’ que se puede.
    Vos podés.
    Te quiero. Mucho. Quizás demasiado.

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  14. David dice:

    Platerita: Pues sí, ya has visto otro pedacito de mi.

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