Bareros

Publicado: febrero 15, 2008 de elvenbyte en Musa Inquieta

El bar es la bendición o la maldición de los españoles. No podemos pasar un día sin frecuentarlo, por lo menos yo. En el bar leo y escribo ante la excusa de dejar pasar el tiempo delante de un café. En el bar se hacen amistades y también se rompen.

En mi caso disfruto las mejores aventuras. Las de otros o las que surjen de mi mente enferma, como me gusta denominarla. Mis mejores escritos salen de estar sentado en una mesa o en la misma barra, según el bar o las circunstancias. No importa el ruído que haya. No importa que esté la música a tope, o que el telediario escupa malas o buenas noticias sin piedad. Yo consigo abstraerme, por mucho que le pique a otros.

El café es lo de menos. Me acompaña la taza vacía y sucia, al igual que el sabor de uno o dos cigarrillos rubios que se consumen al paso del tiempo.

Aquí, en el bar, y en las hojas de este cuaderno que ya no es nuevo, voy escribiendo las críticas que me encargan, los relatos que surgen al momento, y los artículos que buenamente voy publicando por ahí, o en este mismo blog. De hecho, ahora, mientras escribo estas líneas, me digo que es algo fantástico.

“[…] que no te vendan amor sin espinas,

que no te cierren el bar de la esquina […]”

Reza Sabina en alguna que otra canción, y qué razón tiene. Es inherente al español, y tan español soy yo, como otro cualquiera. Y eso que los hay, o las hay, que en algún momento han intentado suprimir esta afición mía, pero puede conmigo, como otras muchas cosas, como el tabaco o la lectura empedernida.

A la hora de escribir soy de la vieja escuela, y a pesar de que llevo años escribiendo primero en el cuaderno, antes de pasarlo a ordenador, nunca he conseguido que deje de dolerme la muñeca tras dos o tres páginas de esfuerzo constante y desmedido. Llevo años creyendo que práctica lo curaría, pero o la práctica no llega, o jamás he conseguido aprender a escribir bien.

Me enciendo otro cigarrillo mientras observo a la gente que cuenta sus cosas en la barra, o en otra de las mesas del bar. Historias cotidianas, sin demasiada importancia, que rara vez despiertan mi interés. Quizás por eso prefiero inventarme sus historias, como mentiras que cobren veracidad, sólo por ser escritas. Qué más da…

A veces quisiera que estos ratos duraran un poco más, para poder contar historias más largas. Como la siguiente:

Dos mesas más allá hay dos chicas tomando café. Vienen a la misma hora porque trabajan en la tienda de al lado. No conocen la una demasiado de la otra. Una de ellas habla sin parar sobre sus vivencias del fin de semana; la otra la mira sin oírla. Se siente desgraciada. Hace un mes que lo dejó con el novio por una tontería, pero el orgullo de ambos les impide llamarse.

Los rizos de la mata morena de pelo le caen por encima de las orejas, como queriendo decir “aquí estoy yo”, pero escuda su tristeza tras el humo de un cigarro. Sus ojeras delatan la falta de sueño, y su pie tamborileando al suelo los nervios de no ver pasar el tiempo, en el que vuele de nuevo al nido de su cuarto para pagar con lágrimas su desamor.

La que habla sin parar es autosuficiente. Sólo piensa en ella misma. Tiene una belleza especial, una especie de morbo que desaparece cuando la miro de frente. La he visto mirar con una sonrisa a otras personas, pero la mía la rehuye. Como si creyera que sé lo que está pensando.

Es la típica creída, y eso hace que baje demasiados puntos en mi escala de valores. Deja de interesarme al acto. Ha perdido su valor, a mis ojos vista.

Hay un hombre bebiendo una cerveza en la barra. Es la tercera. Su forma de mirar al cenicero me confiesa que se siente frustrado. Sin duda piensa que su vida es una mierda, que no ha cumplido sus espectativas de juventud. ¿No es eso al fin y al cabo lo que nos pasa a todos? Será que a cada persona le afecta de forma diferente.

Se dedica a sonreír de vez en cuando a la camarera, muy del montón aunque no quiera admitirlo, cubriéndose la cara de potingues, y vistiéndose con ropa que la hace sentirse más joven. Sin embargo también esquiva su mirada, haciendo como que no ha visto su sonrisa triste pero amable.

¿Es que todo el mundo está triste hoy? ¿O es sólo que veo reflejado mi ánimo en la cara de los demás?

Se va acercando el momento en que debo largarme para continuar con mi vida, y dejar tranquila la de los demás. Hoy, sin querer, he retratado un momento de bar. Hoy, sin querer, he escrito un post que hubiera preferido no escribir. Al fin y al cabo sólo quería escribir un relato creíble, y me ha salido algo que podría llamarse costumbrista moderno, sin llegar a los detalles.

Hoy (en realidad fue el día 5) es el cumpleaños de mi hermano. Felicidades Dani, aunque no lo hayas leído.

Imágenes enlazadas con Los Mejores Rock.

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comentarios
  1. Belen dice:

    Grandioso post sobre la gente que hay en los bares, cuando me tome el cafe ya observaré yo… y te cuento 😉

    Besicos

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  2. LunaCarmesi dice:

    Retrato bohemio… Y a veces pueden surgir tertulias!

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  3. LunaCarmesi dice:

    Y cada hora del dia… surgiran historias distintas.

    EStoy con Belen. Vaya post!

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  4. David dice:

    Belen: Eso, luego me cuentas. Besos.
    LunaCarmesi: Tienes razón, y gracias 🙂

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  5. kiri dice:

    Lo de los bares es como un tunel con bomba de succión porque realmente, te atrapan. Yo desde hace un tiempo sólo los frecuento por las mañanas para desayunar. Despúes de leerle necesito recuperarlo por la tarde también!. Gracias por la visita a mi blog. Nos vemos.

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  6. pau dice:

    Vaya, yo solo como en el bar, no sé tomar un café o una cerveza, me siento algo incómodo, como si estuviera de más.
    A la hora de la comida sí que me fijo en la gente, pero poco. Hablo mucho, conozco a todo el mundo…
    Curioso… escribo en el Metro, no sé hacerlo en el ordenador, solo en el Metro, y con lápiz y goma de borrar.
    Un abrazo.

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  7. Miss Sinner dice:

    Hace tiempo me sentía incómoda sola en un bar. Por algún motivo que desconozco, ya no es así. No es que esté como en mi casa, pero ya no me siento fuera de lugar.

    Y lo del estado de ánimo reflejado es totalmente cierto. A mí me pasa constantemente.

    Un abrazo, David.

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  8. marely78 dice:

    A veces quisiera perderme en un bar, bohemio? mmm si de esos bohemios donde la música que se oiga de fondo sea Joaquin Sabina, el es el típico hombre perfecto que retrataría mi realidad en cada una de sus letras, no tomaría cerveza, tomaría un buen whisky para tomar el aliento de mi dolor en unas hojas de papel y transmitir lo que veo y siento, cuando vivía en otra parte antes de venirme a Monterrey a vivir me la pasaba en la calle los fines de semana sola, me iba a restaurantes, cafeterías, calles con mis incondicionales compañeras… mi cámara digital, mi pluma, un libro y un cuaderno lleno de escritos con sabor a nostalgia, soledad y olor a café capuchino frío, que se me caía sin darme cuenta, a veces me pasaba el tiempo encima mientras me dedicaba a ver sin perder detalle a la gente a través de los vidrios o de los balcones a los lugares a los que iba, veía la prisa que llevaban por llegar a un determinado sitio, nadie me acompañaba en tales aventuras, solo me daba cuenta que a nadie le importaba y hasta la fecha a nadie le importa cuando un alma esta padeciendo una soledad terrible, solo trato de asimilar las desilusiones a las que he estado expuesta estos últimos meses, el tabaco lo deje hace unos meses, todo por hacer a un lado mis vicios, si los he dejado, hasta el escribir estoy pensando en dejarlo, mis letras las mataron y no hay modo de que renazcan como antes…

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  9. David dice:

    Kiri: A mi me cuesta mis buenas discusiones con la parienta, jejeje.
    Pau: Dónde escriba cada uno es en realidad donde se siente más cómodo para hacerlo. En tu caso es el metro, en el mío el bar. Sin embargo supongo que también será cuestión de dónde te acostumbres. Cuando era joven solía hacerlo en clase, mientras el maestro soltaba el sermón… Un abrazo, Pau.
    Miss Sinner: Es curioso lo del estado de ánimo…, a veces he leído sobre algunas personas, algunos escritores, que consiguen abstraerse de su estado de ánimo para escribir… Yo soy incapaz. Otro abrazo para ti, señorita pecadora 😉

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  10. David dice:

    Marely78: Creo que estás equivocada…, estás en un momento en el que precisamente es cuando más puedes sacar de tus letras, si aprendes a hacerlo… Aunque tengo que decirte que no siempre funciona.

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  11. Mitxirrika dice:

    Un honor que de vez en cuando viaje por mi blog. ¡Gracias! Yo, ahora, también curioseo el suyo.

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  12. David dice:

    Mitxirrika: El honor es mío. Bienvenida siempre que vengas. 🙂

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  13. Nanny-Ogg dice:

    Este post me ha gustado tanto que estoy por plantearme mi visión de los bares…

    Besos

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  14. marely78 dice:

    Tal vez sea bueno irse cuando te das cuenta que no todo representa un sentimiento comunicado, sinceramente a veces un bar puede ayudarnos a ver una terrible realidad para quienes vamos a escribir… no lo crees?

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  15. David dice:

    Nanny-Ogg: Jajaja, yo nunca me lo he planteado. Están ahí y punto. Besos.
    Marely78: Sí. Así lo creo amiga mía.

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