En busca de la banshee (novena parte)

Publicado: enero 26, 2006 de elvenbyte en El Amo del Calabozo

Astrid se abrazó a él con fuerza.

-¡Eh! Vale, vale, no ha sido nada -replicaba Gorham-. Estoy bien, dejadlo ya.

-Por un momento pensé… -empezó a decir la semielfa.

-Ese es tu problema, muchacha -le contestó el enano-, que piensas demasiado.

Todos estaba contentos de la recuperación de su amigo, y en medio de aquella algarabía, Elma había ido saliendo disimuladamente hasta perderse por la puerta. Pero allí estaba la elfa, que ya había previsto la eventualidad.

-Gracias por lo de Gorham.

-Es mi obligación…, al menos todavía -contestó la anciana-. Vayamos abajo, estaremos más tranquilas al calor del fuego de la chimenea.

Gaylin la siguió escaleras abajo, aún haciéndose a sí misma las preguntas que rondaban por su cabeza desde la noche anterior.

Elma preparó una mesa pequeña y dos sillas casi desvencijadas, que situó delante del fuego. La elfa fue la primera en hablar.

-¿Cómo es posible que puedas lanzar conjuros sin posibilidad de fallo? -quiso ir directa al grano.

-Es por el dragón faérico que lleváis dentro de esa gema -Gaylin se quedó estupefacta ante tal afirmación. ¿Tanto tiempo con aquel ser y aún no se habían dado cuenta? Empezaba a entender algunas cosas.

-¿Quieres decir que ese dragón tiene algo que ver con tu Dios?

-Antiguamente, cuando los dragones eran los señores indiscutibles de Faerun, algunos de los dioses escogieron entre sus razas para que les sirvieran en el honor de ser sus mensajeros. Por esta razón los enormes reptiles son tan inteligentes y tan poderosos en los caminos de la magia.

>>Helm, el dios guardián, a quien yo sirvo, escogió a los dragones más bondadosos de todos, los dragones faéricos, para que le sirvieran de heraldos, y les confirió tan temible poder que durante algún tiempo fueron los seres más poderosos que han habitado alguna vez nuestro mundo. Tanto que cuando estaban cerca de algún mago, o alguien capaz de usar algún tipo de poder mágico, los conjuros de este individuo eran magnificados casi hasta lo absurdo, por tener cerca la presencia de una de estas temibles criaturas.

Elma hizo una pequeña pausa para coger aire, y la elfa estaba tan anonadada que no osó interrumpirla.

-De entre todos los dragones faéricos de aquella época, hubo uno que se convirtió en el predilecto de Helm, el que más poder llegó a obtener de su amo, y el que más bondad demostró poseer, si hubiera con qué medirla. Su nombre era Nishesteshibiron, aunque los elfos lo apodaron con un nombre más corto y fácil de pronunciar: Nisher.

La anciana volvió a hacer otra pausa, esta vez como si estuviera esperando la confirmación de Gaylin, de que conocía el nombre del dragón. Por supuesto que la elfa había oído hablar de él. Mientras el reflejo de las llamas danzaba sobre su cara, recordó las historias que contaban las más ancianas elfas de las Moonshaes. Evocó mentalmente las islas a las que llamaba hogar, y se trasladó de forma nostálgica a la época en que aún era una niña. Salió de su ensoñación momentánea para hablar a la mujer.

-Conozco el nombre -le dijo suavemente a Elma-. Por favor, continúa.

-Está bien. Durante mucho tiempo, los humanos estudiaron con ahínco este fenómeno causado por la cercanía de los dragones.

>>Un buen día, un hechicero seguidor de Lord Bane, dios de la guerra y la destrucción, descubrió cómo encerrar a uno de los grandes saurios en una gema contenedora, para poder hacer uso de aquel poder para sí solo. Tendió la trampa con tan mala fortuna que fue Nisher quien cayó en ella. Lo encerró y lo escondió de tal manera, ayudado por Bane, que Helm no pudiera encontrar a su súbdito.

>>Helm no tardó en descubrir lo que había ocurrido con el más leal de sus siervos, y sabiendo que no lograría encontrarle retiró el poder tan grande que había concedido a sus heraldos, para que nadie puediera hacer uso de él de forma discriminada. El hechicero, al ver que no podría utilizar a partir de aquel momento el poder del dragón, dejó la gema olvidada en el lugar donde la había escondido, con Nisher aún dentro de la misma.

>>Han pasado muchos siglos desde entonces, y ahora vosotros tenéis la gema…, y al dragón, claro.

La anciana cruzó sus manos y suspiró resignada.

-Ahora ya lo sabes, joven elfa.

-¿Y tú cómo has sabido esta historia? -le preguntó Gaylin recelosa.

-Me lo ha contado él -fue la respuesta que dejó a la elfa en el colmo de la estupefacción.

-¿Y por qué no nos lo ha contado a nosotros, si lleva tanto tiempo encerrado en nuestras bolsas?

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