En busca de la banshee (cuarta parte)

Publicado: enero 26, 2006 de elvenbyte en El Amo del Calabozo

-Debes tomarte estas aventuras, como tú las llamas, como un entrenamiento, como una forma de ganar experiéncia, para poder enfrentarnos a esos males mayores también con mayor conocimiento -miró a los demás-. Todos sabemos que nuestro camino no terminará cuando encontremos a Elminster, porque si en nuestros corazones no somos capaces de abandonar a su suerte a esta aldea, mucho menos seremos capaces de hacerlo con los Reinos, pues es el mundo que habitamos y al que nos debemos.

>>Gorham -volvió a dirigirse a él-, no digo que olvides el pasado, sólo que debes aprender a vivir con él, porque es este el nos forja a todos.

“Sabías palabras también, para venir de una elfa”, pensó el enano. Hizo un gesto afirmativo con la cabeza y volvió a ponerse en marcha. Los demás le siguieron, animados del mismo modo con las palabras de la druida.

Andros se adelantó a todos y tocó en la puerta, mientras Gaylin le susurraba a Karuth algunas palabras al oído. El lobo se tumbó mientras el alcalde abría la puerta, y el olor del estofado embargó de un cálido aroma las fosas nasales de los aventureros.

-Por favor, pasad. La cena está casi lista.

Les condujo a lo que antaño debió ser el gran salón de la posada. La barra de la taberna aún permanecía en pie, aunque el resto de la sala había sido reformado en un agradable comedor, con una gran mesa en el centro, y varios sillones encarados hacia la chimenea, que ardía con un fuego cálido y acogedor.

La mesa estaba preparada. Siete platos, y sus correspondientes cubiertos, se encontraban alineados dejando mucho espacio entre cada comensal, sobre un bonito mantel con escenas oníricas finamente cosidas a él.

-Sentaos, por favor.

Ocuparon cada uno una de las sillas que parecían tener reservadas. Fairchild les sirvió unas jarras de cerveza antes de tomar asiento él mismo. Al poco, llegó Elma con el estofado. Les sirvió copiosamente, y reservó un cazo que le entregó a la druida.

-Ese lobo también debe tener hambre -dijo la mujer del alcalde-. ¿Por qué no sales un momento y le das este cazo?

-Muchas gracias, señora. Es muy amable -contestó la elfa, cogiendo el cazo. Se levantó y fue a dárselo a Karuth. Acto seguido, Elma también se sirvió y Gorham aspiró profundamente con su ancha nariz de enano.

-Esto huele de maravilla. Seguro que sabe aún mejor.

La mujer sonrió y empezó a comer. Todos la imitaron.

No tardaron en dar cuenta del estofado, habiendo algunos, como Duncan, que repitieron varias veces. Hacía tiempo que no disfrutaban de una cena como aquella, por lo que fue como un manjar para ellos. Y después hubo té para todos, y el alcalde se encendió un pipa, ofreciendo tabaco a los demás, aunque sólo el enano y el explorador sacaron sus propias pipas y saborearon el espléndido tabaco del alcalde, que confesó cultivar él mismo.

Cuando el tiempo de la sobremesa afable hubo terminado, Gorham decidió entrar en conversación yendo al grano con lo que rondaba por la cabeza de las personas sentadas en aquella mesa.

-Les ayudaremos con la banshee.

-No les he invitado a cenar esta noche para pedirles nada -contestó el alcalde ceñudo.

-Lo sabemos, Fairchild -contestó Astrid-. Y le agradecemos que no lo haya hecho, pero nos sentimos obligados moralmente a ello.

-Miren -empezó el anciano-, no tenemos con qué pagarles. Y aunque tuviéramos, otros como ustedes se han internado en el bosque, en su busca, y ninguno de ellos ha regresado.

Los compañeros se miraron entre ellos, tomando cada vez más conciencia de lo peligroso de la aventura.

-Nosotros no somos como los demás, y nos bastará con lo que encontremos en su guarida. No se preocupe por nada -dijo el explorador-. Sólo díganos lo que considere que debemos saber al respecto.

-Está bien -contestó el alcalde algo animado-. Mañan es primera noche de luna llena. Ella elige estas noche para emitir su horripilante canto debido a que las víctimas del hechizo de su voz necesitan poder ver el camino.

>>Ustedes parecen fuertes, pero el grito de esa criatura no hace distinciones. Es algo que afecta a la mente, y sólo algunos de ustedes resistirán el embrujo.

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