Cruzar el río

Publicado: noviembre 23, 2005 de elvenbyte en El Amo del Calabozo

Tras abandonar el Gran Páramo, en su camino hacia el este, el grupo se encontró con el primer obstáculo natural: el río Nedar. Habían oído el rugir de la corriente desde hacía rato, pero se toparon con sus aguas casi sin darse cuenta.
La guerrera semielfa ahogó una exclamación cuando vio la fuerte corriente, que arrastraba troncos y fragmentos de roca.

-¡Maldita sea! -gruñó Gorham-. No lo podremos atravesar nadando.

-Habla por ti, enano -dijo Duncan quitándose la mochila.

-Espera, Duncan -dijo el explorador, que ya miraba a uno y otro lado buscando la solución-. Debe haber un puente cerca, en algún sitio.

-¿Y si no lo hay?¿Acaso tú sabes dónde está ese puente?¿Al norte o al sur? -preguntaba el enano-. Podemos tardar días en encontrar algún paso.

-Siempre será mejor que morir de una pulmonía -respondió el explorador.

-Dejadme intentarlo a mi -dijo la druida-, puedo congelar al menos un trozo del río.

-Ni se te ocurra, elfa. Ya sabes lo que pasa con la magia últimamente -contestó de nuevo el enano-. No quiero acabar convertido en un bloque de hielo andante.
La situación no es que fuera desesperada, pero los ánimos no estaban para fiestas.

-Estoy acostumbrado al frío -dijo Duncan-. Pasaré una cuerda al otro lado y la ataré a uno de esos troncos de allí -dijo señalando al otro lado-. Así podremos pasar todos sin mojarnos demasiado. Ya nos calentaremos luego con un buen fuego.

Nadie tenía una idea mejor, así que aceptaron y lo hicieron de esa manera. El único problema era Karuth. Todos miraron a la elfa y a su lobo.

* * *

-No os preocupéis por nosotros -dijo Gaylin-. Karuth pasará conmigo.

Duncan tuvo que hacer un gran esfuerzo para que no se lo llevara la corriente. Y el peso del hacha era problemático. No podía dejarla y esperar a que la ataran a una cuerda, ya que era mágica, y por derecho sólo podría levantarla él.

Al final lo consiguió y llegó al otro lado. La corriente le había arrastrado algunos metros, pero sólo tuvo que colocarse delante de ellos en la otra orilla, para situar la cuerda en buena posición.

Una vez que comprobó que la cuerda estaba firmemente sujeta, y que resistiría el peso, les hizo una señal, ya que el fragor de las aguas no les permitía oírse entre ellos.

* * *

Primero cruzaron todas las bolsas, atándolas con otra cuerda, de tal manera que el bárbaro sólo tenía que tirar para que estas llegaran a su orilla. Luego enviaron a la elfa y a su lobo. Estaba claro que animal no era amigo del agua, y que la druida iba a necesitar cuidados médicos, pues tenía heridas, producidas por las garras del lobo, que hacía lo posible por no ahogarse. Llegaron ambos extenuados a la orilla donde les esperaba Duncan.

El siguiente en cruzar fue el enano, quien no tuvo tantos problemas. Luego lo intentó la semielfa, y por último Andros, el explorador, que durante toda la maniobra había estado pensando que ese era el peor momento para sufrir una emboscada. Su miedo se disipó cuando estuvieron todos juntos, al abrigo de ese buen fuego del que había hablado Duncan antes de cruzar.

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