Encuentro con los bárbaros

Publicado: octubre 17, 2005 de elvenbyte en El Amo del Calabozo

El otro día, la conclusión de la partida fue que había estado bien, pero que le faltó algo de acción. Esto me genera sentimientos contradictorios, porque me impuse en su día que el D&D, en mis manos, no sería un mata-mata, como mucha gente cree. Cualquier juego de rol, incluso este, será como el director de juego y los jugadores quieran que sea. Digo esto porque no disfruto de esas partidas en las que te pasas dos horas tirando dados para resolver un combate. Si las partidas tienen que ser esto, es mejor que nos vayamos al casino. Yo intento conferir a las partidas las características de los juegos más narrativos. Intento crear ambiente, y ciertamente el otro día creo que lo conseguí. Les asusté, les hice meterse en la piel de sus personajes. Así es como son las partidas que yo disfruto, como director de juego.

También hay que tener cuidado con la cantidad de fantasía. Hay que poner la dosis justa, pero ¿cuál es la dosis justa? En el encuentro con los bárbaros le puse demasiada, o mejor dicho se la pusieron ellos. La razón es que tienen objetos muy poderosos, y es difícil luchar contra eso. Los utilizan sin miramientos, sin ningún control. En realidad no entienden que la magia es algo muy caótico, y muy adictivo también. ¿Qué ocurrirá cuando no tengan magia? ¿Cuando las cargas de sus objetos se agoten, por ejemplo? No son conscientes de que en realidad es la magia quien los busca para que la utilicen, para hacer que la alimenten y que crezca así la urdimbre que la conforma.

Así, el teletransporte a través de miles de kilómetros, desde las oscuras catacumbas de Rappan Athuk, hasta los Altos Páramos, en los que aterrizaron, es un hechizo de gran poder, utilizado por ellos de forma indiscriminada. No deberían, salvo en ocasiones en las que es imprescindible y la única solución es la magia. Ellos dirían que la ocasión lo requería, y yo no puedo oponerme, puesto que ellos son los dueños de sus personajes, aunque yo lo sea de las circunstancias que los rodean.

Otra de las cosas de las que nos dimos cuenta el otro día, fue algo que hace referencia al tema del liderazgo dentro del grupo -gracias Silvia por la observación-. Se ha desarrollado de forma natural, es decir, al final todos siguen al que ha demostrado una vez tras otra que tiene la madera suficiente para guiarlos. Lo extraño es la clase que tiene el que lo hace: un bárbaro. Si bien es cierto que es el personaje con más nivel, el de mayor fuerza y aguante, también es cierto que no es un personaje especialmente inteligente, ni especialmente sociable. Pero es un gigante con alma de caballero, con unos principios propios de leal paladín. No es un bárbaro normal, está claro, y la explicación a esto, si es que algún día se produce, podría dar bastante juego como trasfondo.

El encuentro con los bárbaros fue un episodio lleno de revelaciones. En él, los personajes toman consciencia de la guerra en ciernes. Y en especial uno de ellos, que recibe la triste noticia de que es el último de una estirpe milenaria. Ya sabemos quién: el bárbaro. Esto le carga de una gran responsabilidad: refundar su clan de nuevo. Pero para ello tiene que ayudar a ganar la guerra. Asímismo, tiene que averiguar cómo manejar los poderes de su hacha legendaria Sajadragones, y es un conocimiento que, hasta donde él sabe, sólo puede aportarle Elminster, de El Valle de las Sombras, hacia donde se dirigen.

El enano y la elfa también tienen motivos para visitar a Elminster, ya que son usuarios habituales de la magia, y deben recuperarla como sea para restablecer el equilibrio en Los Reinos. La elfa, por añadidura, tiene el dilema de que su diosa ha sido expulsada de Los Planos, y Chauntea, diosa del crecimiento y las cosechas, le cede sus favores mientras tanto. Tendrá que cambiar el objeto de su fe, pero esto es algo muy duro, una carga difícil de soportar, ya que sus enseñanzas siempre estuvieron orientadas a servir a la Diosa Madre, rechazando el servicio a las otras deidades, aunque no su existencia.

El enano, como clérigo de Tymora, ansía poder reunirse con su diosa para servirla, ahora que es un avatar en Los Reinos, pero apenas puede sentir su presencia. Y la semielfa y el otro humano, guerrera y explorador respectivamente, les acompañan, en parte porque deben su lealtad a los demas, y en parte porque no tienen nada mejor que hacer.

Después del encuentro con los bárbaros, queda claro que es hacia el Este donde les lleva su camino, así que parten en esa dirección, con la única prerrogativa de esquivar el grande y peligroso desierto de Anauroch.

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