
Portada de uno de los volúmenes por separado
Patricia A. McKillip nos presenta una obra de fantasía que podríamos denominar como fuera de la norma.
Morgon, un terrarca de una isla muy cercana al continente, consigue el grado de Maestro de Enigmas en la capital de Caithnard. En realidad esto es lo de menos en un lugar en el que está a punto de estallar una guerra en la que él es el máximo denominador, pues tiene un destino marcado por tres estrellas en su rostro.
Se trata de una trilogía, embutida en un solo volumen, a lo que nos tiene acostumbrados el Círculo de Lectores, y que muy bien podría haberse ahorrado el separarla en tres volúmenes. La historia es contínua y aburrida en alto grado. De hecho no se anima hasta la segunda mitad del tercer volumen, momento en que la historia alcanza su máximo clímax.
Los personajes están poco o nada desarrollados, y todo parece un mero ejercicio de narrativa, con apenas ninguna escena de acción. Como decía antes, aburrido.
Sin embargo se incorporan elementos de cierta originalidad, como es el hecho de que los terrarcas, la figura del gobernante, adquiere por ese hecho ciertos poderes que los hace estar en comunión con la tierra que gobiernan. Estos poderes parecen provenir e un ser antiguo al que llaman Supremo, envuelto en un halo de misterio y leyenda, que hace preguntarse al lector continuamente si existe realmente o no.
Por el título puede parecer que se le va a proporcionar al lector un aliciente adicional a la lectura al entregársele enigmas que resolver, pero estos no son más que fragmentos inconexos de la historia del propio mundo en el que se desarrollan los hechos, y que sólo entienden los personajes de la historia.
La mezcla entre el hechicero y el Maestro de Enigmas es tan difusa que resulta también incomprensible, y los poderes de los que estos disfrutan no son más que una excusa para darle al relato este componente fantástico.
Se trata de una de esas obras que se quedarán guardadas en la estantería, acumulando polvo y con una historia perdida que no va a evolucionar en mi recuerdo. No puedo recomendarla, y ojalá no hubiera perdido el tiempo leyéndola. De hecho me estoy planteando el ponerla en circulación en Book Crossing, a ver si alguien es capaz de aprovecharla mejor que yo.