En busca de la banshee (quinta parte)

Publicado: enero 26, 2006 de elvenbyte en El Amo del Calabozo

>>Tengan cuidado -dijo levantándose-. Elma les ha preparado algunas habitaciones, y podrán dormir en ellas, y asearse si gustan, el tiempo que necesiten. Pero vuelvo a repetir mi consejo: olvídense de esta aldea, que ya está condenada, y váyanse lejos o sucumbirán. Buenas noches -y se marchó.

Elma les miró a todos a los ojos, anegados en lágrimas, y también se despidió de ellos, aunque de una forma especial.

-Que Helm os bendiga, y os dé la fuerza necesaria -entonces extendió sus manos sobre ellos y una luz dorada surgió de ellas envolviéndolos, y haciéndoles sentir relajados y fuertes.

-Señora… -empezó Gaylin asombrada como el resto.

-No preguntéis. Hace muchos años, y hay cosas que es mejor dejar en el pasado -y también se marchó dejando boquiabiertos a los compañeros.

-¿Qué es lo que ha pasado? -preguntó Astrid confundida.

-Nos ha bendecido con el poder de los justos, el poder de Helm -contestó Gorham de inmediato-. Nos vendrá bien mañana. Ahora vayámonos a aprovechar el descanso que nos brindará un buen lecho blando, pues no sabemos cuándo volveremos a disfrutarlo.

Todos estuvieron de acuerdo y se fueron a dormir.

No todos estaban acostumbrados a dormir bajo un techo construído por humanos. No tuvieron ningún problema el explorador, la guerrera en incluso la druida. Duncan, tras varios intentos de acomodarse en una cama en la que tenía que tumbarse encogido, optó por tirar el colchón de paja en el suelo de madera y acostarse sobre él. Pero una vez hecho esto, se quedó dormido en seguida.

Quien tardó en dormir fue Gorham, que optó por salir al porche de la vieja posada a furmarse una segunda pipa. Estuvo mirando largo rato las estrellas, con el lobo a sólo un par de pasos de cortas piernas, preguntándose qué estaría haciendo el avatar de su dios, que como el resto ahora caminaba sobre los reinos.

Entonces pensó en lo que había ocurrido al acabar la cena. Elma les había dado la bendición de Helm. “¿La bendición de Helm?”, pensó desconcertado. Los demás no habían caído en el suceso, o quizás habían preferido no comentarlo. Si aquella humana había lanzado un conjuro sobre ellos, sólo podía significar una cosa: Helm se encontraba muy cerca de ellos, o bien Él no había descendido como avatar. Lo segundo era lógico, teniendo en cuenta que se trataba de El Guardián, pero el emisario que habló con ellos en Rappan Athuk les había dicho que descendieron todos sin excepción. Habí algo que no cuadraba en todo aquel asunto.

Chupó con fuerza de la pipa, haciendo que la cazoleta emitiera un fulgor rojizo en el aire gélido de la noche. Disfrutó del sabor de aquel tabaco durante un par de minutos más. Luego golpeó la pipa contra la barandilla de madera para vaciarla, y se fue a dormir él también. Se quedó dormido pensando que Elminster tendría que explicarles muchas cosas, si es que lograban encontrarle.

* * *

Un agradable olor a tortas recién hechcas, huevos y algo de panceta, impregnaba las escaleras de la posada convertida en cabildo, por donde descendían los compañeros. El sol ya se alzaba alto en los cielos, aunque iluminaba el día detrás de unas espesas nubes blancas que presagiaban lluvia. Pero era suficiente para dejar entrar una luz suave a través de las ventanas.

-Buenos días -saludó la mujer del alcalde mientras terminaba de preparar la mesa en la que habían cenado la noche anterior.

-Buenos días, señora contestaron ellos.

Dieron buena cuenta del desayuno, y tras asearse mientras la mañana avanzaba a buen ritmo, hicieron planes para enfrentarse esa misma noche a la banshee, y librar por fin a Pozo Viejo de su maldición.

-Señora -se apresuró a llamar Gorham-, necesitamos a su marido para que nos explique algunas cosas.

-Aquí estoy -dijo Fairchild que aparecía en ese momento por la puerta. Se acercó y tomó asiento. Traía un rudimentario mapa de la zona, aunque no tenía la esperanza de que sirviera de mucho. Lo extendió sobre la mesa apartando los restos del desayuno, y pisó sus esquinas con dos candelabros, una jarra de leche a medio terminar y un cuchillo de cocina-. Esta es la aldea, y este el bosque, donde vive la bruja -dijo señalando el lugar con su dedo rechoncho.

-La arboleda parece extensa -dijo Andros.

-No es una arboleda lo que visteis ayer al llegar, sino el comienzo de un bosque. Es el bosque de Minor Cauldron. Se extiende varias leguas hacia el este, hasta el río Mermidon. Luego otras tantas hacia el norte. En algún lugar, dentro de la foresta, se encuentra la guarida de esa condenada criatura.

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